Hablamos con Leire Iturregi, investigadora de la EHU

Un informe de la EHU destaca que el 54% de los periodistas sufre síntomas de estrés postraumático

Podcast Sociedad

El precio de contar la guerra: precariedad, trauma y falta de protección

Los periodistas en zonas de conflicto se exponen a riesgos físicos y psicológicos / IC PHOTO

La investigadora Leire Iturregui analiza las conclusiones del proyecto JOSAFCON, un estudio que pone el foco en la seguridad física, psicológica, digital y laboral de los periodistas españoles que cubren conflictos internacionales.

La guerra también se queda en quien la cuenta

El reportero de guerra sigue rodeado de un cierto halo romántico, alimentado durante años por el cine y por una imagen heroica del periodista que se adentra en los peores escenarios del planeta. Pero detrás de esa visión épica hay una realidad mucho más dura: precariedad, falta de protección y secuelas psicológicas que a menudo permanecen invisibles cuando termina la conexión en directo. Así lo expone la investigadora Leire Iturregui, una de las responsables del informe sobre las condiciones de seguridad de los periodistas españoles que cubren conflictos internacionales.

El estudio, enmarcado en el proyecto JOSAFCON, analiza no solo cómo trabajan estos profesionales sobre el terreno, sino también cómo se preparan antes de viajar, qué riesgos asumen durante la cobertura y cómo regresan a casa después de convivir con la violencia extrema. La investigación pone el acento en varias dimensiones: la seguridad física, la psicológica, la digital y también las condiciones laborales, un factor decisivo para entender su vulnerabilidad.

Casi un 40% ha ido alguna vez a una guerra sin seguro

Uno de los datos más llamativos del informe es que cerca del 40% de los periodistas encuestados ha acudido en alguna ocasión a una zona de conflicto sin seguro. Eso significa, en la práctica, que si ocurre una agresión, un accidente o una evacuación urgente, no siempre hay cobertura médica ni repatriación garantizada. La investigación denuncia además que, en demasiados casos, la seguridad sigue sin tratarse como una prioridad real dentro de las redacciones.

A ello se suma el coste del equipamiento y de toda la infraestructura necesaria para informar desde una guerra: chalecos, cascos, desplazamientos, alojamiento, traductores o fixers. Sin embargo, el problema no es solo económico, sino de enfoque. El estudio recuerda que el periodismo internacional exige inversión, del mismo modo que se asume un gran despliegue cuando se cubren acontecimientos deportivos de primer nivel. La diferencia, según se desprende de la entrevista, es que en los conflictos armados se sigue recortando en aspectos esenciales de seguridad.

Freelance al límite: viajes por cuenta propia y piezas pagadas a 50 euros

El informe también retrata la situación de muchos periodistas autónomos o freelance, cuya presencia en las guerras ha crecido con fuerza en las últimas décadas. En numerosas ocasiones, son ellos quienes se pagan los viajes, los seguros, el material de protección, el alojamiento y la logística, mientras los medios solo se comprometen a comprar después las piezas informativas. Según explica Iturregui, hay casos en los que esas colaboraciones se abonan por tarifas de apenas 50 euros por noticia.

Esta precariedad tiene consecuencias directas. El estudio concluye que los freelance suelen contar con menos formación, viajan más veces sin seguros específicos y también sin el equipo de protección adecuado. Además, su exposición al trauma posterior es mayor. El viejo mito del periodista “buscavidas” que se lanza solo a cubrir una guerra queda así desmontado por una realidad mucho menos romántica: más riesgo, menos respaldo y mayor desgaste personal.

El 54% presenta síntomas de estrés postraumático

La investigación impulsada desde la Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea incorpora una escala validada internacionalmente para medir la sintomatología de estrés postraumático. Han respondido más de 85 periodistas que han cubierto conflictos desde la Guerra del Golfo de 1991 hasta la guerra de Gaza. El resultado es contundente: el 54% presenta síntomas de estrés postraumático y el 30% tiene un diagnóstico.

La cifra resulta todavía más impactante cuando se compara con otros grupos. Según se explica en la entrevista, en la población general este tipo de diagnóstico suele moverse entre el 3% y el 8%, mientras que entre militares ronda habitualmente el 23% o 24%. Es decir, el trauma en periodistas que cubren guerras supera incluso al registrado entre quienes combaten en esos escenarios. Pese a ello, sigue siendo un asunto tabú dentro de la profesión, porque muchos temen que reconocerlo suponga dejar de ser enviados al terreno y, en la práctica, el final de su carrera.

Informar desde el horror también deja heridas

El estudio de JOSAFCON abre una puerta a una conversación incómoda pero necesaria. La cobertura de guerras no solo exige valentía, sino también protección, recursos y acompañamiento psicológico para quienes cuentan el sufrimiento ajeno desde primera línea. Frente a la imagen romántica del corresponsal intrépido, la investigación revela una verdad mucho más cruda: contar la guerra también deja heridas en quien la narra.


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