Hablamos con Xanti Larrañaga, profesor en la Escuela Universitaria de Magisterio BAM

El experto asegura que la inteligencia artificial ya se ha hecho un hueco en la escuela

Podcast Sociedad

La IA entra en las aulas: «La clave está en evaluar el proceso, no solo el resultado»

Una niña estudia en su casa con ayuda de las nuevas tecnologías / ramirezom/DepositPhotos

El inicio del curso escolar ha vuelto a llenar las aulas de libros, cuadernos y estuches, pero también ha situado sobre la mesa una herramienta que cada vez tiene más presencia: la inteligencia artificial. Su utilización entre niños y jóvenes abre oportunidades educativas, pero también plantea dudas sobre el esfuerzo, el aprendizaje, las evaluaciones y el posible uso fraudulento de estas herramientas.

Santi Larrañaga, profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio BAM, ha defendido que la incorporación de la IA a los centros educativos debe hacerse «con mucha cabeza». Para el docente, la cuestión fundamental sigue siendo determinar qué objetivos educativos se quieren alcanzar y qué papel tiene cada herramienta dentro de ese proceso.

El riesgo de convertir la IA en «el rincón del vago»

La facilidad con la que los actuales chatbots generan textos ha aumentado la tentación de presentar como propios trabajos realizados mediante inteligencia artificial. Larrañaga ha recordado que el fraude académico no nace con estas herramientas, ya que anteriormente ha sido posible copiar contenidos de Internet o encargar trabajos a terceras personas.

Sin embargo, la IA hace que esta posibilidad sea ahora mucho más accesible. «La tentación es muy grande y además es muy fácil conseguir que una inteligencia artificial produzca textos que luego tú puedas presentar como propios», ha explicado.

Ante esta realidad, el profesor de BAM considera necesario modificar la forma de evaluar al alumnado.

Evaluar cómo se hace el trabajo y no solo el resultado

Una de las principales claves está en prestar más atención al proceso de elaboración de los trabajos. Según Larrañaga, cuando el profesorado únicamente recibe un producto final sin haber visto cómo se ha construido, resulta más difícil garantizar que se trata de un trabajo personal.

«Yo creo que la clave está en diseñar un buen sistema de evaluación que pueda centrarse en el proceso de elaboración de trabajos y no tanto en el producto final», ha señalado.

También ha destacado el conocimiento que los docentes tienen de sus estudiantes. En Primaria y Secundaria, el profesorado conoce habitualmente el nivel y las capacidades de cada alumno, por lo que puede detectar con relativa facilidad trabajos que se alejan claramente de su competencia habitual.

Los detectores de IA no ofrecen garantías absolutas

Existen herramientas capaces de analizar un texto para intentar determinar si ha sido generado mediante inteligencia artificial. Sin embargo, sus resultados no son infalibles.

«Hay inteligencias artificiales que se especializan en detectar textos producidos por otras inteligencias artificiales», ha explicado Larrañaga. El problema es que «no tienes el 100% de garantía de que acierten».

Estos sistemas pueden identificar como artificial un contenido escrito por una persona y, al mismo tiempo, no detectar determinados textos que sí han sido producidos por una IA. Por ello, pueden servir como apoyo, pero el docente vuelve a situar como elemento fundamental el seguimiento del alumnado y de su trabajo diario.

La IA también puede ayudar al profesorado

En la Escuela Universitaria de Magisterio BAM, donde se forman futuros docentes, la inteligencia artificial también se ha incorporado como una herramienta de trabajo.

Larrañaga ha explicado que puede resultar especialmente útil para reducir tareas mecánicas y burocráticas, elaborar comunicaciones o preparar materiales educativos.

Además, la IA permite crear recursos y adaptarlos a diferentes perfiles de estudiantes, algo que puede facilitar la labor del profesorado ante aulas con necesidades y ritmos de aprendizaje diversos.

«Lo que intentamos es que la IA se convierta en una herramienta que sirva para descargar de trabajo que puede ser muchas veces mecánico al profesorado», ha indicado.

La recomendación para los menores de 14 años

Durante la entrevista, Larrañaga ha hecho referencia a una guía publicada por el Departamento de Educación del Gobierno Vasco. Según ha explicado, la recomendación establece que el alumnado de Primaria y de los dos primeros cursos de Secundaria no utilice chatbots de inteligencia artificial.

«Estamos hablando de alumnado de hasta 14 años», ha precisado.

Dentro del aula, los centros pueden establecer pautas y limitar la utilización de estas herramientas. Fuera de ella, sin embargo, el control resulta mucho más complicado.

Las familias también tienen un papel clave

El profesor de BAM ha situado parte de la responsabilidad en el ámbito familiar. De la misma manera que las familias se interesan por las aplicaciones, vídeos o contenidos que consumen sus hijos en Internet, considera que el uso de la inteligencia artificial debe incorporarse a esas conversaciones.

La cuestión, según ha explicado, no pasa únicamente por prohibir, sino por preguntar para qué se utiliza la IA, con qué intención y qué tipo de información se obtiene a través de estas herramientas.

«Yo creo que es algo que tiene que ser integrado en esas conversaciones que se tienen en casa», ha señalado.

Una herramienta que no sustituye a la escuela

La llegada de la inteligencia artificial también ha abierto el debate sobre si en el futuro puede llegar a sustituir parcialmente al profesorado. Larrañaga descarta un escenario en el que cada estudiante permanezca aislado frente a una pantalla mientras una IA se encarga de impartir la enseñanza.

La experiencia de las clases a distancia durante la pandemia ha reforzado, a su juicio, la importancia de la dimensión social de la educación.

«Asistir a clase no es simplemente una instrucción técnica sobre un tema en concreto», ha explicado. «La dimensión social de la escuela es importantísima».

La inteligencia artificial va a seguir ocupando espacio dentro de los centros educativos y, de hecho, «ya se ha hecho un hueco», pero Larrañaga considera que la relación entre estudiantes, docentes y compañeros continúa siendo uno de los pilares de la escuela.

Futuros profesores con posturas muy diferentes ante la IA

Entre el alumnado que actualmente se prepara en BAM para ejercer como docente también existen posiciones muy distintas. Hay estudiantes que rechazan estas herramientas, otros que muestran temor ante su utilización y algunos que ya las emplean habitualmente.

Larrañaga considera que estas diferencias dependen, en buena medida, de las experiencias educativas previas y del uso que sus profesores hayan hecho de la tecnología.

Por eso, en la formación de los futuros docentes se está trabajando para que comprendan cómo funciona la inteligencia artificial y conozcan sus posibilidades dentro del aula. «Es esencial para ellos entender cómo funciona esta nueva tecnología y cómo la pueden aplicar ellos en un futuro», ha señalado.


Si te gusta EgunOn Magazine, suscríbete en nuestros canales de podcast:

Y sigue a Radio Popular en las redes sociales:

  • Sigue todas las noticias de Bilbao y Bizkaia en nuestro Facebook
  • Conoce la radio desde dentro en nuestro Instagram
  • Los titulares y los bacalaos del Athletic al minuto en X
  • Revive los mejores bacalaos en YouTube
  • Recibe las actualizaciones de nuestra programación y nuestras noticias en nuestro canal de Telegram

También te puede interesar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *