Afrontar la soledad en vacaciones

La psicóloga Nagore García Ortega advierte del impacto emocional de los periodos festivos en personas solas

Podcast Sociedad

La soledad en vacaciones: por qué se intensifica y cómo gestionarla sin venirse abajo

Solo en casa / Depositphotos

Los periodos festivos no siempre se viven como una pausa agradable. Para muchas personas, las vacaciones, los puentes o las Navidades pueden convertirse en un espejo incómodo de sus carencias emocionales. La psicóloga sanitaria Nagore García Ortega ha analizado en Radio Popular este fenómeno y ha explicado por qué estas fechas actúan como un amplificador de la soledad, cómo detectar cuándo ese malestar deja de ser puntual y qué herramientas pueden ayudar a sobrellevarlo.

Cuando el parón deja más espacio al malestar

Nagore García Ortega ha explicado que, en el día a día, muchas personas viven inmersas en rutinas, obligaciones y prisas que apenas dejan espacio para escucharse a sí mismas. Sin embargo, cuando llegan los periodos festivos y ese ritmo se detiene, aparece un tiempo libre que puede convertirse en terreno fértil para la rumiación, las preocupaciones y el malestar emocional.

Según ha señalado, esa situación se ve agravada por una expectativa social muy elevada sobre cómo deberían vivirse las vacaciones: con planes, compañía, viajes o reuniones. Cuando la realidad personal no encaja con ese ideal colectivo, el contraste se vuelve más visible y también más doloroso. La comparación con los demás, además, se intensifica a través de las pantallas y puede reforzar la sensación de estar quedándose al margen mientras el resto disfruta.

De la tristeza puntual a una señal de alarma

La especialista ha distinguido entre una tristeza pasajera vinculada a circunstancias concretas y un malestar más profundo que merece atención. A su juicio, la alarma aparece cuando esa sensación deja de ser puntual, gana intensidad, se prolonga en el tiempo y empieza a afectar a otras áreas de la vida.

En ese punto, pueden aparecer señales como apatía, desmotivación, fatiga, pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables o una visión cada vez más negativa sobre uno mismo y sobre el futuro. Cuando el sentimiento de vacío empieza a ocupar demasiado espacio en la vida cotidiana, ha advertido, conviene prestar atención y no restarle importancia.

Cómo frenar la rumiación cuando la casa se queda en silencio

Uno de los riesgos de estos momentos, ha señalado Nagore García Ortega, es quedarse atrapado en un bucle mental. Por eso, ha recomendado identificar actividades que ayuden a cambiar el foco, como pasear, leer o recurrir a cualquier recurso que sirva para salir temporalmente de esa espiral de pensamientos.

También ha defendido la conveniencia de reservar un momento concreto para las preocupaciones, en lugar de dejar que invadan todo el día. En ese espacio, propone observar los pensamientos con más distancia y cuestionarlos, recordando que no todo lo que pasa por la cabeza responde a hechos objetivos, sino que muchas veces está condicionado por el estado emocional del momento.

Pedir ayuda no es molestar

La psicóloga ha subrayado que muchas personas no piden ayuda porque sienten que van a suponer una carga para los demás. Sin embargo, ha insistido en que esa percepción suele ser más una creencia que una realidad y que, en relaciones sanas, la reciprocidad forma parte del vínculo. Del mismo modo que uno puede estar disponible para otros, también tiene derecho a dejarse cuidar.

Desde esa idea, ha planteado que pedir compañía o apoyo no exige grandes explicaciones, sino sencillez y honestidad. Expresar que apetece hablar un rato, desconectar o compartir tiempo con alguien puede ser una forma legítima de autocuidado y de conexión con los demás.

Revisar la mirada sobre estar solo

Durante la conversación, también se ha puesto el foco en el modo en que socialmente se ha asociado la soledad a algo negativo. Nagore García Ortega ha recordado que durante mucho tiempo hacer planes solo se ha interpretado como una señal de carencia afectiva o aislamiento, cuando en realidad también puede responder a una elección personal o a una forma válida de disfrute.

En esa línea, ha defendido la necesidad de cambiar no solo la mirada hacia uno mismo, sino también hacia los demás. Entender que pasar tiempo en solitario puede ser un momento de descanso, placer o incluso de reconexión personal ayuda a desmontar un estigma que sigue muy presente.

Cómo detectar el sufrimiento silencioso en otras personas

La experta ha explicado que no siempre resulta fácil detectar cuándo alguien cercano está sufriendo en soledad, porque muchas veces ese malestar no se verbaliza de forma clara. Aun así, sí ha apuntado algunas pistas, como comentarios relacionados con el aburrimiento, el cansancio emocional o la sensación de no sentirse tenido en cuenta.

Más allá de las palabras, ha destacado la importancia de observar cambios de comportamiento: personas que se muestran más retraídas, menos comunicativas, que empiezan a aislarse o dejan de acudir a encuentros y situaciones sociales a las que antes acudían con normalidad. Para acercarse a ellas, ha recomendado hacerlo con naturalidad, interés genuino y sin invadir, dejando abierta la puerta al diálogo sin presionar.

Videollamadas, recuerdos idealizados y presión por disfrutar

Sobre el papel de la tecnología, Nagore García Ortega ha considerado que las videollamadas pueden ser un recurso positivo cuando existe una conexión emocional real o cuando ayudan a mantener el contacto con personas lejanas. Sin embargo, ha advertido de que, si sustituyen por completo al contacto humano presencial, pueden dejar después una sensación mayor de vacío.

También ha alertado sobre la tendencia a idealizar el pasado cuando se atraviesan momentos de dolor. Ha explicado que el cerebro tiende a recordar lo positivo y a comparar ese pasado filtrado con un presente vivido desde el malestar. Frente a eso, ha propuesto asumir que aquellos tiempos también tuvieron dificultades y entender que el presente puede abrir nuevas oportunidades para construir experiencias distintas.

En relación con la presión por ser feliz en vacaciones, ha defendido que cada persona tiene derecho a vivir esos días de una manera coherente con su situación y sus necesidades. Descansar, no hacer planes o incluso desear que esa etapa pase cuanto antes puede ser, según ha explicado, una forma perfectamente válida de transitar esos momentos.

Aceptar lo que se siente para empezar a cuidarse

En la parte final, la psicóloga ha apostado por no combatir el malestar con un optimismo forzado, sino por intentar formular pensamientos más justos. Reconocer que uno se siente solo, incómodo o a disgusto, sin convertir ese estado en una identidad permanente, puede ser el primer paso para recuperar algo de control.

Su planteamiento pasa por validar lo que ocurre, escuchar esa emoción y preguntarse qué necesita uno en ese momento para sentirse algo mejor. Lejos de presentar la soledad como una condena inevitable, la conversación ha dejado una idea de fondo: aprender a comprenderla y gestionarla puede ayudar a que deje de vivirse únicamente como un vacío.


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