Los trabajadores y trabajadoras de seguridad de Metro Bilbao se han concentrado esta mañana en la calle Navarra para alzar la voz contra el progresivo deterioro de sus condiciones laborales y económicas. Convocados por los sindicatos del sector, los vigilantes han denunciado un incremento exponencial de la carga de trabajo, la presión operativa y las agresiones físicas y verbales en los últimos años, una situación que, aseguran, no se ha visto compensada ni en sus nóminas ni en sus medidas de protección.
Precariedad económica y jornadas maratonianas
Durante la protesta, Isaac Mateos, delegado de LSB Uso, ha puesto de relieve el estancamiento salarial que arrastra el colectivo. Según ha explicado, el plus específico que perciben los operarios es de apenas 1,19 euros por hora trabajada, una cuantía que permanece congelada desde el año 2017.
A esta reivindicación económica se suman las exigencias relativas a la organización de las jornadas. Los empleados denuncian que actualmente realizan turnos de nueve horas interrumpidos por un único descanso de 20 minutos, un tiempo que consideran totalmente insuficiente. Por ello, reclaman un mínimo de dos descansos de 15 minutos por jornada, además de la implementación del trabajo en binomio (parejas de vigilantes por estación), algo que consideran indispensable para garantizar una respuesta rápida ante cualquier incidente.
Puntos calientes
El colectivo de seguridad ha querido poner el foco en el notable aumento de la conflictividad en la red de metro, una tendencia al alza que denuncian desde el periodo posterior a la pandemia de la COVID-19. Insultos, amenazas y agresiones físicas forman ya parte del día a día de estos profesionales. Como muestra de esta escalada de tensión, este mismo fin de semana una trabajadora de la plantilla fue agredida por un usuario que la empujó contra la pared, provocando su caída al suelo.
Ante esta situación de vulnerabilidad, los vigilantes exigen dotaciones de seguridad adecuadas, tales como chalecos antipinchazos —de los cuales no disponen todos los efectivos— y la instalación de cámaras corporales de grabación en las estaciones más conflictivas, una medida que ya se ha implementado en otras ciudades como Madrid o Barcelona.
Entre los puntos negros de la red, los representantes sindicales han señalado especialmente las estaciones de San Mamés e Indautxu, gravemente afectadas por la gran afluencia de público durante los partidos del Athletic y grandes eventos, lo que genera aglomeraciones y episodios violentos. También se ha destacado la alta conflictividad en la Intermodal de San Mamés, en las estaciones de Casco Viejo y Abando —rodeadas de una intensa actividad hostelera y ocio nocturno— y en la parada de Bolueta, situada en las inmediaciones de una discoteca.
Sin respuesta
Desde la representación sindical lamentan la falta de soluciones tanto por parte de las empresas adjudicatarias (Prosegur SIS e ISS, que cuentan con una plantilla de aproximadamente 120 y 60, 170-180 vigilantes sumando fin de semana) como de la propia administración. Denuncian que la negociación de los convenios se estanca sistemáticamente bajo el argumento de que debe ser el cliente quien decida y financie las mejoras.
Mientras las partes implicadas abren vías de diálogo para desbloquear los convenios colectivos, los trabajadores de seguridad de Metro Bilbao advierten de que mantendrán e intensificarán las movilizaciones y concentraciones convocadas hasta que se alcancen unas condiciones laborales dignas y proporcionales al riesgo de su labor diaria.
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