La llegada de septiembre supone, para la gran mayoría, el fin del descanso y el regreso a los madrugones, los horarios estrictos y la prisa constante. En este contexto, es habitual escuchar hablar del malestar asociado al retorno. Sin embargo, conviene matizar de entrada que no se trata de un diagnóstico clínico ni aparece en el DSM-5, sino de una etiqueta popular muy útil para describir lo que, en realidad, es un proceso de readaptación completamente normal.
Tras varias semanas disfrutando de mayor libertad, horarios flexibles y más tiempo con los nuestros, volver de golpe a un ritmo no elegido produce un desajuste. Es lógico sentirse más cansado, irritable o con el ánimo bajo durante unos días o un par de semanas, pero este malestar tiende a desaparecer por sí solo a medida que recuperamos el ritmo habitual.
Cuando el malestar oculta algo más profundo
El verdadero problema surge cuando el regreso a la rutina no solo resulta incómodo, sino insoportable. Para identificar si estamos ante una simple readaptación o ante una señal de alarma mayor, conviene observar tres factores clave: la duración del malestar, su intensidad y su extensión a otras áreas de la vida. Si han pasado más de tres o cuatro semanas y la situación no mejora, ya no estamos ante un mero reajuste. Asimismo, hay que estar atentos a somatizaciones como nudo en el estómago, llanto antes de acudir al trabajo, insomnio o ansiedad al abrir el correo electrónico, o a casos en los que la apatía provoca aislamiento social e incapacidad para disfrutar de cualquier actividad.
En lugar de funcionar en piloto automático y limitarnos a aguantar, conviene utilizar este malestar como una fuente de información. La pregunta clave que debemos hacernos es: ¿a qué estamos volviendo exactamente? A veces la resistencia no está en el trabajo en sí, sino en el ambiente laboral, las relaciones personales, la ciudad o la falta de tiempo propio.
Un ejercicio práctico para tomar decisiones
Para clarificar qué aspectos nos están afectando, se propone realizar un sencillo análisis en papel dividiendo una hoja en dos columnas. En la primera debemos escribir lo que teníamos en vacaciones y ahora no, identificando elementos concretos como dormir ocho horas, pasear al aire libre o comer sin prisas. En la segunda anotaremos lo que no hemos echado de menos en absoluto, como los atascos, ciertas reuniones o dinámicas concretas.
Una vez identificados estos puntos, la clave consiste en buscar pequeñas versiones de lo que echamos de menos e integrarlas en la semana habitual. Aunque no siempre es posible realizar grandes cambios de forma inmediata, transformar un malestar difuso en un problema concreto es el primer paso indispensable para poder solucionarlo.
Si te gusta Frecuencia Emocional, suscríbete en nuestros canales de podcast:
Y sigue a Radio Popular en las redes sociales:
- Sigue todas las noticias de Bilbao y Bizkaia en nuestro Facebook
- Conoce la radio desde dentro en nuestro Instagram
- Los titulares y los bacalaos del Athletic al minuto en X
- Revive los mejores bacalaos en YouTube
- Recibe las actualizaciones de nuestra programación y nuestras noticias en nuestro canal de Telegram
