¿Cuándo fue la última vez que te despertaste sin alarma, como nuevo y sin necesidad de cafeína? Si la respuesta es «no lo recuerdo», no estás solo; vivimos una crisis de salud pública asociada a la falta de sueño en los países industrializados. Lo más preocupante es que se ha instalado la idea de que hacerlo es una señal de éxito y disciplina. Incluso figuras del mundo tecnológico como Elon Musk han contribuido a esta narrativa, aunque el propio magnate reconoció posteriormente que dormir menos de seis horas le provocaba un «dolor cerebral» y una caída clara de su productividad.
La falsa autosuficiencia de las seis horas
La evidencia científica es clara al respecto: el ser humano es la única especie que se priva de sueño de forma deliberada sin obtener ninguna ventaja. Dormir no es solo descansar, sino que constituye una parte activa del sistema inmunitario que nos ayuda a defendernos mejor cuando enfermamos. Por el contrario, dormir menos de siete horas de manera habitual debilita la respuesta inmunológica y el funcionamiento cerebral.
Un estudio de la Universidad de California demostró esta vulnerabilidad al monitorizar a adultos expuestos al virus del resfriado común. El resultado fue proporcional: cuantas menos horas habían dormido la semana previa, mayor era la probabilidad de infección. Entre quienes dormían una media de cinco horas, casi la mitad enfermó, mientras que en aquellos que superaban las siete horas la tasa fue muy inferior. Además, se ha comprobado que dormir seis horas durante diez días seguidos provoca un deterioro en la atención equivalente a llevar 24 horas sin dormir. El gran peligro reside en que el cerebro privado de sueño pierde la capacidad de evaluar su propio estado: no hay adaptación, sino una habituación a rendir peor.
La imposibilidad de recuperar el tiempo perdido
Otro mito muy extendido es que el sueño se puede recuperar durante el fin de semana. Sin embargo, para nuestro cerebro, el descanso no funciona como una cuenta bancaria donde se pueda ingresar lo adeudado. La neurociencia ha demostrado que pasar una noche en blanco genera un déficit cercano al 40% en la capacidad de formar nuevos recuerdos debido a una desconexión del hipocampo.
Esta carencia tiene efectos a largo plazo en la memoria. Investigaciones de la Facultad de Medicina de Harvard confirman que, si no se duerme adecuadamente la primera noche tras el aprendizaje, la información no se consolida. Aunque se duerma bien durante los días siguientes, el daño ya está hecho y los recuerdos no se fijan de la misma manera. En definitiva, la privación de sueño vinculada al emprendimiento y al rendimiento extremo es una trampa que socava nuestra herramienta más valiosa: la salud mental y física.
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