Por qué enero pesa más en las personas mayores que viven solas

La vuelta a la rutina puede intensificar la tristeza, la apatía y el aislamiento en los mayores

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Enero y el “vacío” tras la Navidad: claves para frenar la soledad no deseada en mayores

Mujer en la ventana / Depositphotos

La “cuesta” es conocida por diversos motivos, y hay uno del que se habla menos: el repunte de la soledad no deseada en personas mayores tras la Navidad. La psicóloga Alfonsy Díaz, de Sanitas Mayores, explica en EgunOn Magazine que el contraste entre el bullicio de las celebraciones —visitas, comidas, reencuentros— y la vuelta a una rutina más silenciosa puede intensificar la sensación de vacío emocional en quienes viven solos, con un impacto directo en su bienestar psicológico.

Del “estar acompañados” al silencio de la rutina

Díaz describe que, durante las fiestas, muchas personas mayores se sienten más incluidas en dinámicas familiares (decisiones, planes, encuentros) y, cuando todo termina, aparece el riesgo de “quedarse fuera” otra vez. Ese cambio brusco puede traducirse en tristeza, sensación de no contar para nadie y un inicio de año más difícil de gestionar si no se ponen medidas a tiempo.

Síntomas que pueden aparecer: ánimo, sueño y salud percibida

Según la psicóloga, el bajón posterior puede manifestarse con síntomas ansiosos o depresivos, alteraciones del sueño por falta de rutina y una peor percepción de la propia salud. También señala un patrón peligroso: la pérdida de iniciativa para relacionarse, que alimenta un círculo vicioso de aislamiento (“me aíslo más, me encuentro peor, me cuesta salir”).

Factores que agravan el riesgo: duelo, jubilación y poca ocupación

En esta época, el impacto puede ser mayor cuando se suman circunstancias como la pérdida de un ser querido, la adaptación a la jubilación (cuando se siente que desaparece un rol y un propósito) o la falta de compañía y actividad diaria. Para Díaz, la clave suele estar en esa combinación: poca compañía + poca ocupación, que deja espacios largos sin estímulos ni interacción.

Pautas prácticas: objetivos pequeños para “llenar el día”

Entre las recomendaciones, la psicóloga propone marcarse pequeños objetivos diarios que den sentido a la jornada, como escribir un recuerdo, preparar una receta o planificar una tarea concreta. La idea es sustituir la inercia del “día vacío” por una rutina mínima que empuje a levantarse con un motivo. Díaz insiste en mantener hábitos de autocuidado: levantarse, vestirse, arreglarse y no caer en el abandono del aspecto personal por el hecho de quedarse en casa. Explica que esa dejadez no es un detalle menor, porque influye en el estado emocional y puede reforzar la apatía.

Movimiento y vida social: el paseo como “medicina” sencilla

Otra pauta central es moverse: sin necesidad de grandes esfuerzos, pasear cumple varios objetivos a la vez (obliga a prepararse, activa el cuerpo y favorece el contacto social si se hace con alguien). Para muchas personas mayores, es una fórmula realista y sostenible para sumar actividad física sin exigir una intensidad que no siempre es posible.

Retos para la mente: evitar el pensamiento circular

La psicóloga recomienda mantener algún reto cognitivo diario: lectura, pasatiempos, aprender funciones del móvil, escuchar contenidos de interés o acudir a talleres de memoria si existen en la zona. Señala que ocupar la mente con tareas significativas ayuda a reducir la presencia de pensamientos negativos recurrentes y refuerza la sensación de capacidad y avance personal.

El descanso importa: rutina de sueño para proteger el equilibrio emocional

Díaz advierte de que, si el día se llena de “descanso” sin actividad, aparece el riesgo de dormitar a deshoras y empeorar el sueño nocturno. Por eso recomienda una rutina estable antes de acostarse, especialmente porque conciliar el sueño puede ser más difícil con la edad y esa dificultad genera ansiedad e irritabilidad. Descansar mejor, explica, mejora el estado de ánimo y la atención.

Señales de alerta: cuando el bajón se alarga

La psicóloga pide estar atentos a cambios como la apatía, la pérdida de interés por aficiones que antes ilusionaban, el rechazo a nuevas propuestas o el descuido evidente del aspecto personal. Si ese estado se prolonga más allá de “unas semanas” y no remonta, considera importante valorar apoyo profesional y reforzar el acompañamiento desde el entorno cercano.

Anticiparse: preparar el terreno antes de que llegue el bajón

Por último, Díaz sugiere actuar con previsión: cuando la Navidad termina, conviene planificar llamadas, paseos, actividades y rutinas para que la vuelta a la calma no se convierta en un corte abrupto. También recuerda que el invierno —frío, menos luz, anochecer temprano— favorece el aislamiento, así que anticiparse puede marcar la diferencia.


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