Entrevista sobre el peligro de confiar tu cuidado solo a la báscula

La bióloga aclara que el músculo no es solo estética, es metabolismo, huesos, cerebro e inmunidad

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Isabel Raya: «El músculo es el mejor “plan de pensiones” para la salud

Vida saludable / Depositphotos

Septiembre suele traer consigo el regreso a las rutinas y, para muchas personas, también el reencuentro con la báscula después de unas semanas con horarios y comidas diferentes. Sin embargo, el peso por sí solo ofrece muy poca información sobre nuestro estado de salud. La bióloga especializada en nutrición y salud integrativa Isabel Raya ha explicado en EgunON Magazine por qué mantener y trabajar la masa muscular resulta fundamental para el metabolismo, los huesos, la glucosa y la calidad de vida y ha defendido la necesidad de cambiar el foco y prestar mucha más atención a la masa muscular.

El peso no distingue entre grasa, músculo y agua

Raya ha explicado que la báscula mide conjuntamente grasa, agua, músculo y huesos, por lo que una bajada o una subida de peso puede responder a circunstancias completamente diferentes.

Perder kilos, por ejemplo, no tiene por qué ser necesariamente una buena noticia si esa reducción se produce a costa de la masa muscular. Del mismo modo, un aumento del peso puede estar relacionado con una ganancia de músculo y resultar beneficioso para la salud.

Por ese motivo, la especialista considera que centrarse exclusivamente en el número que aparece en la báscula puede llevar a interpretaciones equivocadas, especialmente cuando se buscan pérdidas rápidas de peso mediante dietas restrictivas o compensaciones después de periodos de mayor ingesta.

El músculo, mucho más que una cuestión estética

La masa muscular desempeña un papel decisivo en numerosos procesos del organismo. Raya ha señalado que conservarla ayuda a mantener correctamente el metabolismo y tiene influencia sobre aspectos como la densidad ósea, la inflamación o el funcionamiento cerebral.

También juega un papel especialmente importante en la regulación de la glucosa. Un músculo activo tiene una mayor capacidad para captar glucosa de la sangre, por lo que el entrenamiento de fuerza puede contribuir a mejorar el control metabólico y desempeñar un papel relevante en la prevención de problemas relacionados con la diabetes tipo 2.

Para conseguir ese efecto no basta con disponer de masa muscular, sino que es necesario activarla mediante ejercicio.

Un órgano que se comunica con todo el cuerpo

Durante años, el músculo se ha asociado principalmente con la fuerza física o con una finalidad estética. La investigación ha ampliado notablemente esa visión.

Raya ha explicado que el tejido muscular mantiene una comunicación constante con diferentes partes del organismo a través de sustancias conocidas como mioquinas. Estas señales intervienen en procesos relacionados con el cerebro, el sistema inmunitario, la inflamación e incluso el intestino.

En este último ámbito existe además una línea de investigación en desarrollo sobre la relación entre ejercicio, músculo y microbiota intestinal. La actividad física se ha asociado con una microbiota más diversa, mientras que determinadas sustancias producidas en el intestino también podrían influir sobre el tejido muscular.

La fuerza cobra especial importancia en la menopausia

El mantenimiento de la masa muscular adquiere todavía más relevancia durante la perimenopausia y la menopausia. En esta etapa, la caída de los estrógenos favorece determinados cambios en el organismo y aumenta el riesgo de pérdida de densidad ósea.

El entrenamiento de fuerza, acompañado de una alimentación adecuada que aporte suficientes nutrientes, permite proteger el músculo y contribuir al mantenimiento del hueso, reduciendo factores relacionados con futuros problemas como la osteopenia o la osteoporosis.

Raya también ha destacado la relación entre músculo y grasa visceral. Durante la menopausia aumenta la tendencia a acumular grasa en la zona abdominal, una localización que tiene mayores implicaciones metabólicas. Mantener una buena masa muscular puede ayudar a combatir esa acumulación y a afrontar mejor los cambios asociados a la caída hormonal.

Se puede empezar a entrenar fuerza a cualquier edad

El envejecimiento supone cambios inevitables, pero la especialista ha subrayado que la forma en la que se llega a edades avanzadas puede ser muy diferente dependiendo del estilo de vida.

No existe una edad a partir de la cual el entrenamiento de fuerza deje de aportar beneficios. Personas de 60, 70 u 80 años pueden obtener mejoras si realizan un trabajo adaptado a sus posibilidades.

El objetivo no pasa únicamente por vivir más años, sino por conservar la capacidad para desarrollar actividades cotidianas con autonomía: levantarse del suelo, cargar la compra, desplazarse con facilidad o mantener una vida activa.

De perder peso a ganar salud

Este planteamiento también modifica la manera de entender las dietas. En lugar de abordar la alimentación como una intervención temporal destinada exclusivamente a perder kilos, Raya propone construir hábitos que permitan conservar músculo, mejorar la alimentación y mantener los resultados a largo plazo.

El entrenamiento de fuerza debe ir acompañado de suficientes nutrientes y, especialmente, de un aporte adecuado de proteínas. Mantener la masa muscular permite conservar activo ese motor metabólico y evita que todo el esfuerzo se limite a conseguir una reducción puntual del peso que resulte difícil mantener con el paso del tiempo.


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