La ONG Alboan celebra esta semana en Euskadi el III Encuentro de Defensoras de nuestra Casa Común. Reúne a 14 mujeres defensoras de derechos humanos y del territorio procedentes de Guatemala, Honduras, Colombia, México, Perú, Bolivia, la Amazonía y Euskadi. El encuentro se desarrolla entre el 24 y el 29 de mayo en distintas localizaciones de Bizkaia y Gipuzkoa, con base principal en Berriz.
III Encuentro de Defensoras de nuestra Casa Común
Sara Diego, miembro del Equipo de Incidencia Política de Alboan, explica que «este proceso, impulsado desde 2020, nació como un espacio de diálogo entre mujeres defensoras de América Latina y Euskadi para visibilizar las interdependencias entre territorios y las luchas comunes frente a la crisis socioambiental global. Desde entonces, ha consolidado una red de defensoras que han tejido vínculos de solidaridad, análisis compartido y estrategias colectivas de resistencia».
Retroceso democrático y violencia contra defensoras
Sara comenta que «el encuentro se celebra en un contexto internacional de creciente tensión geopolítica, debilitamiento de la arquitectura de derechos humanos y aumento de los conflictos armados. Según el Global Peace Index 2025, el número de conflictos activos han alcanzado niveles comparables a los registrados en la Segunda Guerra Mundial».
«A esta situación se suma el avance de discursos de odio, el retroceso democrático en múltiples regiones y la expansión de proyectos extractivos que afectan de manera directa a comunidades rurales, pueblos indígenas y territorios en resistencia».
«En este escenario, América Latina continúa siendo una de las regiones más peligrosas del mundo para las personas defensoras del territorio. Según Global Witness, en 2023 fueron asesinadas 196 personas defensoras, elevando a más de 2.100 los asesinatos registrados entre 2012 y 2023. Sin embargo, la violencia no se limita a los asesinatos: la criminalización, el acoso y la persecución judicial son estrategias crecientes de silenciamiento».
Mujeres que defienden la vida y los territorios
Sara señala que «las participantes del encuentro representan luchas diversas pero interconectadas frente al extractivismo, la violencia estructural y la defensa de los bienes comunes».
«Entre ellas se encuentran lideresas indígenas, defensoras ambientales, comunicadoras comunitarias, abogadas, psicólogas sociales y activistas de distintos territorios, como la Amazonía colombiana, el pueblo Tolupán en Honduras, La Guajira, el Ixcán en Guatemala o comunidades rurales de México, Perú y Bolivia, además de mujeres defensoras exiliadas o migradas forzadamente que actualmente residen en Euskadi».
Un encuentro para analizar, compartir y construir propuestas comunes
Sara repasa el programa del encuentro en Berriz (25-27 de mayo) que se estructura en torno a cuatro ejes de trabajo:
• Análisis del contexto global de crisis y conflictos.
• Intercambio de experiencias locales de resistencia en los distintos territorios.
• Reflexión sobre la relación cuerpo-territorio y las violencias específicas que enfrentan las mujeres defensoras.
• Construcción colectiva de un manifiesto que oriente la agenda política y pública del grupo.
«Este proceso culminará con la elaboración de un documento colectivo que servirá como hoja de ruta para el trabajo en red durante los próximos meses».
Agenda pública: diálogo con instituciones y sociedad civil
Sara detalla que «tras el encuentro interno, las defensoras desarrollarán una agenda pública con actividades de sensibilización y diálogo con instituciones, medios de comunicación y organizaciones sociales».
Uno de los principales espacios será la siguiente mesa redonda:
“Mujeres que sostienen la vida. Derechos humanos, extractivismo y ecofeminismos desde América Latina y Euskadi”
Arrupe Etxea (Bilbao). Jueves 28 de mayo | 16:00–19:00
«Este encuentro abordará los impactos del extractivismo, la criminalización de personas defensoras y las estrategias de resistencia desde los cuerpos-territorios de las mujeres. El espacio incluirá diálogo con agentes institucionales y sociales para fortalecer respuestas coordinadas en favor de la justicia socioambiental».
Un proceso de cuidado, resistencia y articulación global
Sara declara que «desde Alboan se subraya que este encuentro forma parte de un proceso sostenido de acompañamiento a defensoras de derechos humanos, que busca visibilizar sus luchas, fortalecer sus redes y generar espacios de incidencia política en favor de la protección de la vida y los territorios».
«El proceso “Defensoras de nuestra Casa Común” reafirma la necesidad de construir alternativas frente a un modelo de desarrollo que amenaza los bienes comunes y profundiza las desigualdades, y pone en el centro las voces de las mujeres que sostienen la vida en sus comunidades».
Testimonio de Janny Ortiz
Jenny Ortiz, mujer defensora, particularmente acompañando el extremo norte de Colombia, en el departamento La Guajira, afirma que «de aquí proviene el carbón que viene a Europa y se usa en centrales para la calefacción, entre otros usos. Y pertenezco a una organización que se llama el CINEP, Centro de Investigación y Educación Popular. Somos una obra social de la Compañía de Jesús».
«Estamos en un momento de crisis climática y esto se ve reflejado en los cambios de temperatura, en las sequías de los ríos, en la contaminación de los aires. Y esto obedece a que en los países en Latinoamérica hay extracción. Cuando sacamos el carbón, el petróleo, el gas, esto hace que el planeta aumente su temperatura y nos enfermemos. Entonces, los pueblos han llevado un mensaje sobre que es urgente hacer un paro y cambiar nuestras prácticas de consumo y empezar a cuidar la casa común».
«Justamente quienes defienden y protegen estos territorios son personas que, en estos momentos, están siendo encarceladas, asesinadas, amenazadas y estigmatizadas. América Latina es la región del mundo donde es más peligroso defender los derechos de la naturaleza y del ambiente. Por eso hemos estado aquí, en este encuentro, compartiendo estos mensajes».
Testimonio de Cecilia Vázquez
Cecilia Vázquez, mujer defensora de la asociación Puente de Paz que trabaja con mujeres maya, mujeres indígenas y sus comunidades en el norte de Guatemala, una región de selvas, de grandes ríos asegura que «este cambio climático nos está afectando a todos como humanidad. En la región de donde yo vengo, no solamente es el aumento de la temperatura y estos climas extremos, sino el impacto que tiene. Las sequías que se han dado, inusuales, están acabando con los cultivos que durante siglos han sido la base de la alimentación de la población. La gente se queda sin comida y, unos meses después, vienen grandes tormentas, deslaves, inundaciones. La gente queda sin casa, sin escuelas, en situación realmente muy vulnerable».
«Y es la población ya de por sí más pobre y más marginada, donde no hay energía, donde no hay carreteras, donde no llega la salud, y donde se viven de manera más dramática estos impactos del cambio climático».
Procesos

Jenny destaca que «en el caso del CINEP, hacemos procesos de investigación con las comunidades, porque eso nos permite identificar cambios, afectaciones o pérdidas ambientales o territoriales. Hacemos acompañamiento y decimos que trabajamos en un contexto donde la desesperanza es lo cotidiano. Entonces intentamos aportar o cargar los corazones con esperanza de que es posible una vida mejor, con mejor calidad, y que en algún momento la humanidad entenderá el mensaje de alto, de cómo estamos exterminándonos como especie».
Cecilia subraya que «desde Puente de Paz compartimos muchas cosas con el CINEP: el acompañamiento psicosocial, organizativo, especialmente a las mujeres, a las autoridades indígenas; la documentación y lo que nosotros llamamos el litigio estratégico, porque son maneras, espacios pequeñitos, para ir exigiendo los derechos colectivos como pueblos indígenas en una situación en la que hay que emparejar la mesa, podríamos decir, porque los pueblos indígenas han sido históricamente excluidos. Entonces, es permitir, ayudar a que se pueda dar un diálogo en condiciones de horizontalidad».
«Para mí, el llamado es a no perder la esperanza, a que no perdamos la fe en que, en medio de este contexto tan difícil, tan duro, tan retrógrado, podemos salir adelante», concluye Cecilia.
«Que nos hagamos preguntas. Cada vez que prendamos un foco, nos preguntemos de dónde viene esta energía; si es una energía con sangre, si es una energía limpia. Cada vez que nos comamos un atún, que es delicioso acá, nos preguntemos si quienes produjeron este atún tuvieron condiciones dignas de trabajo o fueron esclavizados o están en condiciones precarias. Yo creo que, si nos preguntamos por esto cotidiano y empezamos a ser conscientes de que detrás de lo cotidiano puede haber muertos, tal vez podamos empezar a transformar nuestras prácticas», concluye Jenny.
«Tomar conciencia, a la ciudadanía vasca. Vivimos en un mundo interconectado. Somos ecodependientes, dependemos de la naturaleza para vivir», concluye Sara.
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