Querer saber qué hace todo el mundo, supervisar constantemente el trabajo, la casa, la pareja o los hijos y sentir que, si uno deja de estar pendiente, todo puede venirse abajo. La necesidad de control puede convertirse en una importante fuente de estrés y sufrimiento. Marina Caballero ha abordado en La Casa de Marina cómo aprender a distinguir entre aquello que depende de nosotros y lo que escapa a nuestro control.
El miedo está detrás de la necesidad de control
Marina Caballero ha explicado que, en muchas ocasiones, el deseo de control está relacionado con el miedo. Miedo a que ocurra algo inesperado, a que las cosas no salgan como se habían previsto o a que otras personas actúen de una manera diferente a la deseada.
«Querer controlarlo todo tiene que ver con miedo. Con miedo a que pasen cosas que no te gustan», ha señalado.
Esa preocupación lleva muchas veces a mirar permanentemente hacia fuera: qué hace la pareja, cómo se comportan los hijos o de qué manera trabajan los compañeros. Frente a ello, Caballero propone dirigir parte de esa atención hacia uno mismo.
«A veces preferimos mirar hacia afuera que mirar hacia adentro. Observar la casa del vecino, de tu pareja, de tus hijos, en lugar de mirar dentro de ti y decir qué necesito yo», ha afirmado.
«Cuanto más quieras controlar, más vas a sufrir»
La necesidad de supervisar a los demás puede llegar a provocar agotamiento, frustración y conflictos personales. El problema aparece especialmente cuando el bienestar propio empieza a depender de lo que otra persona hace o deja de hacer.
«Cuando sufres por lo que el otro hace o no hace, quieres cambiarlo desde fuera y es imposible», ha advertido Marina Caballero.
La responsable de La Casa de Marina ha defendido que hay una diferencia importante entre organizar la propia vida y pretender dirigir la de los demás. Cada persona puede tomar decisiones, establecer límites y ordenar aquello que está en su mano, pero no controlar el comportamiento ajeno.
«El mundo no se puede cambiar, pero sí puedes cambiar tu propio mundo», ha resumido.
Pedir en lugar de exigir
Caballero también ha puesto el foco en las relaciones personales y de pareja. A su juicio, algunas dificultades aparecen cuando se espera que el otro se comporte de una determinada manera para proporcionar tranquilidad o felicidad.
«Tienes que hacer esto para que yo esté bien. Tienes que comportarte así. Tienes que cuidarme así», ha ejemplificado.
Frente a esa exigencia, plantea aprender a expresar las propias necesidades sin responsabilizar al otro de las emociones personales. Pedir un abrazo, una palabra amable o una muestra de cariño es diferente a exigir que otra persona actúe de una manera concreta.
«Lo que sí puedo hacer es pedirlo. Lo que sí puedo hacer es ofrecerlo yo», ha explicado.
Aprender a vivir con lo que no podemos controlar
Otra de las claves pasa por aceptar la incertidumbre. Marina Caballero considera que las personas se han acostumbrado a buscar seguridad en lo conocido: el trabajo, el dinero, la pareja o determinadas rutinas.
Sin embargo, la vida introduce cambios que no siempre se pueden anticipar. Por ello, ha defendido la necesidad de «aprender a fluir un poco con la vida» y distinguir entre la responsabilidad personal y aquello que pertenece a otros.
«Tú sí que puedes organizarte, tomar decisiones, poner límites. Puedes hacer tu parte, pero no puedes controlar lo que la otra persona hace», ha señalado.
El control también aparece en las relaciones de pareja
Caballero ha explicado que esta dinámica se observa con claridad en algunas parejas, donde aparecen reproches y constantes intentos de cambiar al otro.
En esos casos propone respetar que cada persona dispone de sus propios ritmos y formas de afrontar la vida. «Cada persona tiene su propio tiempo, su propia forma», ha indicado.
El cambio consiste, según ha explicado, en responsabilizarse de las propias emociones y verbalizarlas desde la vulnerabilidad. En lugar de culpar a la otra persona, se puede expresar directamente lo que sucede: «Me estoy sintiendo un poco desvalida y necesitaría un abrazo».
«No podemos dirigir el mundo exterior, solo podemos modificar el mundo interior», ha defendido.
«Yo soy la dueña de mi paz»
Aprender a manejar estas emociones requiere práctica. Caballero ha recordado que son habilidades que habitualmente no se han aprendido en la escuela, pero que actualmente existen numerosos recursos para trabajar el bienestar emocional.
Podcast, vídeos, cursos, talleres o retiros permiten adquirir herramientas para gestionar mejor los cambios, la incertidumbre y las relaciones con los demás.
«Pase lo que pase, yo soy la dueña de mi paz», ha afirmado Marina Caballero.
La pregunta que propone hacerse es sencilla: «¿Qué es lo que estás intentando controlar que te está generando más sufrimiento que paz?»
La Casa de Marina y Aguamarina
Marina Caballero desarrolla este trabajo también a través de La Casa de Marina, un espacio dedicado al retiro y la meditación en Euskadi, y de AguaMarina, situado en Deusto.
Son espacios en los que, según ha explicado, las personas pueden «quitarse la armadura», mostrar su vulnerabilidad y aprender a relacionarse de otra manera con sus propias emociones.
Las personas interesadas pueden contactar a través del 699 322 320 por WhatsApp y consultar las páginas RetiroyMeditación.com y AguamarinaBilbao.com.
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