Metro Bilbao ha vuelto a poner el foco en los hábitos de sus usuarios con una encuesta que ha dejado un titular claro: la posible entrada de perros de más de 8 kilos ha generado posiciones muy diferentes entre los viajeros.
Una nota media alta… y una demanda repetida
La consulta ha reflejado una valoración general positiva del servicio. Según se ha comentado en antena, la puntuación global ha sido de 8 sobre 10 y uno de los elementos mejor valorados ha sido la Barik, con un 8,6, por la facilidad que aporta para moverse en distintos transportes.
En la conversación, Leire Argandoña y May Madrazo también han recordado que, en otras ocasiones, los viajeros han insistido en una reclamación práctica: la falta de baños públicos en estaciones. En este punto se ha señalado que, desde el diseño inicial del suburbano, se ha citado la seguridad y la gestión como argumentos para no incorporarlos.
Teletrabajo y cambios de rutina en el uso del suburbano
El sondeo también ha dejado un apunte sobre las costumbres de movilidad. Se ha observado que parte de los usuarios ya no utiliza el metro cinco días a la semana, y que el teletrabajo ha influido en una bajada a tres o cuatro días laborables en algunos casos.
El foco del debate: perros grandes y normas de acceso
El asunto que más conversación ha generado ha sido el de las mascotas. En Metro Bilbao se permite actualmente el acceso de perros pequeños, mientras que los perros grandes siguen sin estar autorizados. En antena se ha recordado que otros servicios, como Euskotren o el tranvía, sí permiten viajar con perros de más tamaño.
En la encuesta, una parte relevante de usuarios se ha mostrado contraria a ese cambio. En concreto, se ha citado que un 27% ha respondido que no quiere convivir con perros grandes en el metro. Además, se ha afirmado que un 70% cree que permitirlo podría afectar a viajeros o instalaciones.
Voces de la calle: entre la convivencia y el miedo
En la ronda de opiniones recogida durante el programa, se han escuchado argumentos a favor y en contra. Algunos usuarios han defendido que los animales “tienen que desplazarse de alguna forma” y han planteado que, con normas claras, la convivencia es posible.
También han aparecido reticencias ligadas al espacio, la higiene o la percepción de seguridad. Una de las opiniones recogidas ha resumido su postura así: “Una cosa es para las personas y otra cosa es para los animales”. Otra usuaria ha explicado que le preocupa encontrarse con un perro grande y ha afirmado: “Encontrarme uno en el metro me daría pánico”.
Entre quienes sí aceptarían la medida, la mayoría ha puesto condiciones: correa corta, control del dueño y, en determinados casos, bozal. En especial, se ha mencionado la necesidad de extremar precauciones con razas que generan mayor inquietud entre parte del pasaje.
“La culpa no es del animal”: educación y responsabilidad
En el debate se ha repetido una idea: el comportamiento del perro se asocia, en gran medida, a la educación y a la responsabilidad de quien lo lleva. De hecho, se ha escuchado una frase que ha marcado el tono de varios testimonios: “Los dueños son los que no están educados”.
Aun así, en antena se ha subrayado el principal obstáculo: en un vagón no es fácil distinguir si un animal está bien socializado, y por eso algunos viajeros han insistido en que la decisión debe pasar por una normativa común y aplicable a todos.
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